Estoy tratando de averiguar por qué cuando mis esporádicos tripulantes hacen click en "Seguir leyendo", el bendito vínculo no funciona, incluso a mí me pasa. Se suele arreglar cuando le dan actualizar a la página pero a veces el problema persiste. Sí todavía tienes curiosidad de leer la pachotadas que escribo también puedes darle click al título de la entrada para leerla completa.
Y como suelen decir: "Estamos trabajando para servirlo mejor. Muchas gracias por su comprensión".

Marilia Navegando

lunes, 3 de marzo de 2008

Esas cosas que me alegran la vida

Hubo un momento en la secundaria en el que llegué a tener como cuatro Slams para llenar en mi velador. Vivíamos una fiebre por los Slams, todas queríamos tener uno, y no dudábamos en repartirlo por doquier, y mí me encantaba llenarlos. Para quienes no saben de qué se tratan dichos cuadernitos, son una especie de cuestionario que llenan tus amigos contestando a las más singulares preguntas desde cómo te llamas hasta si has consumido drogas (recuerden que era una chiquilla de secundaria).


Una de las preguntas recurrentes siempre era: “¿Qué es lo que más te gusta hacer?”, a lo que yo siempre contestaba: “escuchar música, salir con mis amigos, conversar...”. Es cierto me gusta por ejemplo: leer, ir al cine, chatear, me encanta comer, dormir por las tardecitas, tocar la guitarra...

Pero dada la entrada anterior, de veras me pregunto ¿Qué es lo que más me gusta hacer? ¿cuáles son las cosas que me alegran la vida?. Luego de haber visto “Amelie” me inspiré e hice esta pequeña lista:

1. Me gusta cuando mi papá se ríe: Me gusta sobre todo cuando sé que yo he provocado esa risa. Debo mencionarles que mi padre es un hombre muy serio, sólo en ocasiones familiares y con gente de mucha confianza libera su lado cómico, que se limita a comentarios sutiles por lo que supone un reto para mí hacer que suelte una carcajada.

2. Me gusta mirar cómo se combinan los colores de las témperas y también aquellos dos primeros segundos en el que la leche evaporada cae sobre el agua y se disuelve: Son momentos fugaces. Cuando el amarillo se une al azul y empiezan a entremezclarse haciendo un túnel bicolor cuyo fondo da paso al verde, o la nubecita acuática tan bien definida que producen las primeras gotas de la leche evaporada sobre el agua caliente de mi taza invadiendo todo de blancura. Son instantes irrepetibles y cortos.

3. Me gusta cuando le caigo bien a un niño: Mi poca experiencia y contacto con pequeños hace una sorpresa que mi amiga me diga que su hija Jimenita me envía un dibujo. Sucede que no siempre tengo ángel para para los niños, no es que sea mala simplemente me resultan indiferentes. En consecuencia me hace feliz la extraordinaria ocasión en que resulté agradable para un infante gracias al incontrolable y muy ocasional instinto maternal que llevo conmigo. Esto me demuestra que después de todo yo también tengo mi corazoncito.

4. Me gustan las señales (o creer que existen): Si luego de esta cita él me envía un mensaje diciendo que la pasó bien es porque algo lindo sucederá entre nosotros. Si encuentro a mi perra esperándome feliz en la puerta de la casa, es porque algo bueno me va a pasar antes de acostarme. Voy a prender la radio y la canción que salga me aconsejará sobre lo que debo hacer. A veces funciona, a veces no, pero me gusta jugar un poco con el destino.

5. Me gusta observar cómo los padres miran a sus hijos: Es inevitable, todos ponen cara de incredulidad… en una oportunidad, presencié las accidentadas actuaciones infantiles por el día del padre en un jardín de niños: los papás, por más serios que lucieran al llegar, terminaban conmovidos hasta decir basta. O cuando una vez subió al bus una muchacha seguida de su madre, mientras buscaban asiento la señora no dejaba de mirar el andar de su hija con conmoción y orgullo. Ver estas situaciones me enternecen y me pregunto si yo seré así algún día.

6. Me encanta burlarme de la gente: ¡¡¡Lo confieso!!! Me gusta burlarme de mis amigos, y de la gente en general. Claro de buena gana, sin ánimo de humillar o hacer sentir mal a alguien, pero vamos! Es tan rico soltar un comentario burlón. Y para qué, tengo que admitir que tengo buena correa para las bromas, si no qué seria Con tantas venganzas pendientes sobre mí?

7. Me gustan mis ojos, mis manos y mi ombligo: Eso.

8. Me gusta mirar el parecido entre un padre y su hijo: Tiene la misma nariz del papá y los ojos de la mamá, no, más bien tiene la cara del papá y los ojos de la mamá... pienso mientras los examino en la cola del supermercado. No importa la edad que tenga el hijo/a y sus padres, es curioso ir detectando y acertando los rasgos de uno con el otro, como si se tratara de un juego de match. A veces hasta la manera de caminar y los ademanes son los mismos.

He aquí mi lista, por lo pronto es lo que se me ocurre si hay más tal vez haga una nueva entrada, ¿y ustedes tienen algo singular que les alegre la vida?

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martes, 26 de febrero de 2008

¿Cómo soy?

"Conócete a ti mismo" dice una universalmente conocida frase filosófica, la escuchamos de nuestros padres y maestros, y en el proceso ensayo-error que acarrea nuestras vidas la repetimos en nuestros consejos para parecer maduros y superiores.

El domingo pasado, sentada en una esquina de mi cama, probaba inútilmente sin número de acordes en mi guitarra para sacar una canción que había escuchado en la radio, no obstante mi oreja -nada chismosa- fue atraída cual parabólica a la conversación que mi mamá sostenía con con la comadre del barrio mientras tomaban lonche.

Sí, de vez en cuando se pone a tocar un rato… voy a cerrar la puerta para, no, no, déjala, que bonito, siempre les ha gustado la música ¿no?, ah si, desde chiquitas las llevaba al coro de la iglesia, ¿las dos?, si, ahí para que se entretengan, ¿y como esta tu hija mayor?, Bien, ya sabes trabajando, pero ya esta buscando nueva chamba, es que tiene carácter bastante fuerte y no se lleva bien con el jefe, me parece que la menor es más tranquila, hum si, tiene el carácter más suave, es bien alegre, pero como que es más paciente con la gente, creo en realidad se guarda mucho las cosas y por eso tolera, pero cuando estalla, estalla, hija!, la muchacha se pone de mal humor y no quiere decir por qué, ya sabes como son los muchachos, se queda en un estado de contemplacióóóón… andará enamorada, cualquier día te trae al novio, ay no sé a sus novios apenas los he conocido, como te digo, se guarda la cosas…

En pocos segundos, mi madre acababa de definir mi carácter, no sé si lo que dijo es cierto, esta bien, admito que tiene algo de razón, pero he ahí su modo de verme. Más tarde le pregunté cómo me consideraba ella, pero luego de cuarenta minutos consecutivos de discurso y sin cortes comerciales sobre lo inteligente, buena y linda que soy, me desanimé de su respuesta dado que estaba regada de su buen tacto materno y vocación de psicóloga, como era predecible, con su parcialidad de madre, obvió cualquier defecto o posibilidad de imperfección en su retoño, bien dicen que para mamá no hay hijo feo, y estoy agradecida de que en este caso mi progenitora siga esa línea, pero digamos buscaba una opinión objetiva.

Mientras pienso en algunos amigos que me podrían bajar los humos con sus sinceros comentarios acerca de mi forma de ser, vino a mí la frase con la que apertura esta entrada: "Conócete a ti mismo", ¿por qué no empezar conmigo misma? Cómo creo que soy, cómo suelo actuar ante determinadas situaciones, cuáles son mis manías, qué me gusta, qué no me gusta, qué me agrada en un chico/a, qué espero encontrar en un amigo/a, con qué gestos suelo delatarme… veremos, veremos, en la siguiente entrada haré una lista.

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miércoles, 20 de febrero de 2008

¿Acaso seré un hombre? (II)

En mis travesías por el espacio virtual me topé con blog que me cayó muy simpático por su sarcasmo y sinceridad, se trata de: El Marinovio, pueden decir que es un blog machista pero desde un inicio no dejaron de divertirme sus historias y opiniones, era como ver Sex and the City desde una perspectiva masculina. Conforme iba haciendo clic a cada entrada, empecé a desarrollar un diálogo con mi pantalla: Sí, es cierto, exacto, lo mismo me pasó, pero es que no entienden!!, pucha, claro es una joda, jaja, yo tampoco entiendo…

Leyendo al Marinovio vino de inmediato a mi cabeza algunas diferencias que tuve con Ignacio, mi primer enamorado. A diferencia de las típicas relaciones fugaces que hubo entre la chiquillada adolescente del barrio, Ignacio y yo duramos más de dos años juntos. Realmente nos llevábamos tan bien que cuando terminamos, nuestros amigos creían que se trataba de una broma por el día de los inocentes. Incluso hasta hoy, luego de más de 5 años, cuando nos encontramos en algún cumpleaños nos suelen cantar a modo de broma: “¡¡Y volver, volver, volver!!”
Pero lo nuestro ya ha terminado y gracias al Marinovio empecé a recordar algunas de nuestras tipicas discusiones: Por ejemplo cuando Ignacio me decía: “Nunca tienes tiempo para mí!” (Por favor ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/12/nunca-tienes-tiempo-para-m.html), no importaba que yo me escapara de clases, exámenes, reuniones familiares o fiestas para verlo un rato durante la semana, él quería una tarde entera; o, sino cuando él no expresaba lo que realmente quería hacer en nuestras salidas: (Ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/10/subtextos.html), entusiasmada le hacía una sugerencia para ver una película y luego de que me decía que sí, a la salida del cine me decía que hubiera querido ver otra, hummfff… y ni qué decir de la vez que se le ocurrió regalarme una prenda de vestir en uno de nuestros cumplemés (Ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2006/11/amor-te-compr-esta-camisa-te-gusta.html) no había nada más perfecto para resaltar mis brazos de caminero que el bibidi blanco que eligió, blanco, blanco, blanco, ideal para evitar que se notaran mis rollitos, “vamos amor, póntelo para ir hoy a la disco!”, “sí claro”, pensaba yo, “para lucir como una pompa de jabón”.

Después de Ignacio, llegó a mi vida Darlan (a mí también me parece un nombre feo). Darlan era tan… digamos… tan… Darlan. Todo el tiempo me preguntaba si lo quería, si lo amaba, si era feliz, que qué tal si íbamos al karaoke y cantábamos todas las canciones a dúo como: “Y volar, volar tan lejos dónde nadie nos obstruya el pensamiento…” o si no “escapémonos de la multitud, del absurdo día a día…” o mejor aún: “Vivo por ella sin saber si la encontré o me ha encontrado…” En una ocasión a sus chiflados planes le respondí: “Me da flojera, Marco…” (Ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/11/llam-mi-flaca-por-otro-nombre.html), Marco era (y es) el nombre de uno de mis mejores amigos, ¡¡qué tal problema me gané!!. Pero la gota que derramó el vaso cayo estruendosamente el día que me asaltó con el “¿Cuántos hijos quieres que tengamos?" (Ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/11/lo-dicho-y-lo-cierto-ii.html), y a eso agregó otra cachetada con el fatídico: “Deberíamos casarnos a finales del próximo año…”.
Terminé con él a los tres meses.

Luego apareció Jim (tengo jale con los de nombre raro). Me gustaba lo pulcro e impecable que siempre lucía, parecía un muñequito de torta y así empecé a llamarlo cariñosamente, pero en una ocasión resolvimos en que yo lo recogería y comprobé que su aspecto era resultado de un arduo y largo trabajo digno de un artista del renacimiento. Tuve que esperarlo cerca de 45 minutos (Revisar: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/10/puntualidad-de-ellas-problema-de-ellos.html). Crei que había sido una situación excepcional, pero no, el chico siempre me hizo esperar y ahora que lo pienso, sospecho que también se aprovechó de la circunstancia, para presentarme a toda su familia, digo toda: abuelos, primos, sobrinos, etc. Les debo confesar que detesto interactuar con los papás, hermanos/as, de mis enamorados, si lo hago es por amabilidad pero no suelo tener el interés, y se lo dije, que no era necesario, que ya los conocía de saludo, pero el chico queria una reunión especial con ellos. Así fue que, en una ocasión, mientras esperaba al enamorado metrosexual en su sala, me vi rodeada de mi probable futuro clan y con una cena lista en el comedor. (Ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/11/la-primera-cena-familiar.html). Él bajo las escaleras tranquilamente como si ya supiera de los planes y sin inmutarse se sentó a la mesa, no tuve más que quedarme a compartir pues ya había sido embarcada.
Durante la incómoda comilona y bajo la mirada inspecciosa de su madre, hermana y abuela, sonó mi teléfono. Por supuesto como toda una señorita pedí permiso y respondí a un lado la corta llamada. (ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/11/quin-es-la-que-te-llama-por-telfono.html), al final de la comida: “¿¿¿Quién te llamó???”, le dije la verdad: un amigo del trabajo a quien había prometido llevarle un libro al día siguiente… se armó una hecatombe, ¿por qué demonios fui sincera?, “No tiene nada de malo, yo misma le pedí que me llamara para hacerme recordar porque le prometí el texto hacía varios días y nunca se lo he llevado, no hay por qué hacer un escándalo, y no tiene nada de malo que tus padres hayan visto que alguien me llamaba al celular, si no para qué es el aparato, dime, deja de hacer tanto berrinche, sí, he guardado su número por si acaso, no voy a eliminarlo, qué caso tendría, pero, pero no, por favor, no ya espera tranquilo, no te pongas así, no, no, ya ok amor voy a borrar todo el directorio si quieres, discúlpame por favor, perdona, pero no no, llores, no llores, no… (Ver: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/10/si-ellas-lloran-es-nuestra-culpa.html), no sé por qué pero siempre me han tocado novios llorones… no digo que esté mal que un hombre llore pero ¿por una discusión sin importancia? Puff, me hacen sentir tan culpable.
Duramos como año y medio.

Hace como un mes empecé a frecuentar a un nuevo chico que me pareció diferente a los anteriores pero, (he usado muchos “peros” en este post verdad?) estoy empezando a descubrir algunos detalles que me hacen dudar.
Por ejemplo, quiere por todos los medios embarcar sus amigos feos a mis amigas bellas, no lo digo porque sean mis amigas, lo digo porque es la pura y objetiva realidad, mis amigas son lindas, (Vean: http://elmarinovio.blogspot.com/2005/10/lo-dicho-y-lo-cierto.html) y en una ocasión el muchacho empezó a quejarse de mi trato distante hacia él, que por qué no lo llevaba a mis reuniones, que por qué lo no llamaba, que por qué nunca lo recogía a su trabajo… ¿yo, recogerte? Espera, vamos con calma, hemos salido sólo unas tres veces…

Verán entonces, que mientras leía al Marinovio y le hablaba con mi pantalla afirmando y dándole la razón a sus autores, aterrorizada me di cuenta que mi identificación iba hacia el personaje masculino del blog. Y dado el post inmediatamente anterior, me pregunté ¿acaso seré un hombre? Me gustan los chicos, pero ¿estaré manejando mi forma de ser y mis sentimientos como un varón?.

“Veamos: te olvidas de los cumplemés y aniversarios, te gusta salir con tus amigas las cirróticas –auch, era broma-, no te gusta que te regalen peluches, y no te gusta ir de compras con tu novio…humm debiste haberte llamado Mario, jajajajaja, auch, mentira no, no auch no me golpees” dijo mi primo. ¿SERA? Bueno, ya encontraré algún chico con el que me comprenda.

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miércoles, 23 de enero de 2008

¿Acaso seré un hombre? (I)



Yo no me iba a llamar Marilia, mi nombre iba a ser Mario.

Sí, como lo acaban de leer.

Mi madre nunca quiso hacerse una ecografía y yo pateaba tanto su útero que mi orgulloso papá juraba que yo sería el Mesías que llevaría a la patética selección peruana de fútbol al mundial. Incluso mi abuela viajo desde el norte para conocer a Mario Leonardo, el hermanito con el que mi joven familia formaría la parejita junto a su primogénita de tres años…

pero como ya ustedes se habrán dado cuenta: el fútbol peruano no ha vuelto a pasar las eliminatorias mundialistas y mi nombre no es Mario. En consecuencia a mi familia sólo le quedó fotografiarme dejando como prueba de su errónea predicción un sinnúmero de imágenes mías vestida con roponcitos celestes.

Cuando llegó mi niñez, y mi cabello lacio empezó a acariciar mis hombros, inicié una serie de ocultos ensayos frente al espejo: yo caminaba por la calle distraída, aquel niño de la catequésis que tanto me gustaba me llamaba y yo volteaba en cámara lenta con aquel giro a lo Winnie Cooper… otra vez, otra y luego otra, “Llego la jardineraaaaa”, en cinco minutos mi madre hacía que yo quedara convertida en uno de los Beatles, y no me refiero a aquel look de cabello largo alborotado sino más bien al de cabeza de casco. “Y para que se te vea mucho más linda… un ganchito acá!!” decía mamá, “Para que no me vea como el niño perdido de Marco, dirás” pensaba yo derrotada mientras miraba mi nuevo reflejo.

“Buenos días joven, venimos a compartir con usted la palabra de Dios”… yo suspiraba y abría un poco más la puerta, “Ah perdón señorita…”. Supongo que mi figura escuálida me daba un aspecto algo andrógino pero eso desapareció ni bien las hormonas femeninas empezaron a fluir mucho más en mi adolescencia. Terminé convirtiéndome en un reloj de arena por lo que era imposible confundirme, sin embargo, veía con impotencia cómo las integrantes de mi aquelarre abandonaban la mancha por andar de paseo con su nuevo novio y yo, yo ya tenía 16 años y nadie se fijaba en mí!!!! Le gritaba a Ignacio, o es demasiado gordo, o demasiado flaco, o muy chato o muy alto, o con acné o con poses de pendejo!!!

Hasta que en el quinceañero de una desconocida, ajam, me colaba en los quinceañeros, “Oye, Ignacio quiere contigo uhuuhuhhh, ahí está ya te vió!!”. ¿Quien, mi mejor amigo? ¿El que me lleva siempre de regreso a casa? ¿El que pasa horas conversando en mi escalera? ¿El que se confabula conmigo para burlarnos de los demás? ¿El que escucha todas mis quejas sobre aquel chico que me quiso chapar en el último tono? Humm… no, no creo. La poderosa luz de un reflector cayo sobre mi perfil, Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa, como la hierba a que bajó el rocío, “¡muévanse que por acá va a salir la quinceañera!”, me hice a un lado aún confundida por el inicio del evento, pero el grueso rayo seguía cegándome, Es noche y baja a la hierba el rocío; mírame largo y habla con ternura, “¡Oye chiquita, por aquí!” dijo Ignacio protegiéndome. Yo ya había sido liberada del inmutable disparo de luz pero no podía evitar seguir desconcertada, “Esta bonito el vestido eh, te ves bien”, yo sonreí sin mirarlo con la mano aún sobre mi frente, ahora me ofuscaba otro fulgor mucho más intenso, “Na’ me queda feo, un poco grande, es que es de mi hermana”, Tengo vergüenza de mi boca triste, de mi voz rota y mis rodillas rudas, la gente empezó a irrumpir en la pista de baile como las hormigas que invaden los platos de mi cocina, “¿Vamos?” dijo amable y me tomó de la mano como otras tantas veces lo había hecho, pero con la diferencia de que esta vez noté la especial suavidad con la que me conducía entre tantas parejas alborotadas por la canción de moda, Yo callaré para que no conozcan, mi dicha los que pasan por el llano, sin escuchar la música empecé a moverme y bendije silenciosamente a mi maestra de Literatura por haberme alcanzado aquel poema de Gabriela Mistral llamado “Vergüenza”...

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lunes, 14 de enero de 2008

Lo confieso: Nunca fui astronauta

1
Una tarde, mientras todos atendían el listening y apuntaban en sus cuadernos los datos del exercise 3, Dialogue B, yo memorizaba con preocupación el Can I go to the toilets?, que sabiamente nos enseñó el profesor el primer día de clases, supongo que la experiencia le demostró que a sus novatos alumnos nos sería más útil que el Hello, How are you? Así pues, cumplí con repetirla con la misma disciplina que un loro, y salí disparada.

En el baño, ya aliviada de haber vaciado mi pobre vejiga, aproveche la soledad frente al espejo para sacarme esa espinilla chinche que me había salido en la nariz y luego, mientras caminaba por el pasadizo, me detuve ante los afiches del Británico que nunca podía leer con tranquilidad ya sea porque siempre entraba con las justas o porque salía apretujada por una multitud de estudiantes que me llevaba al paradero. Como eran cerca de las seis de la tarde, me quedé unos minutos viendo las pinceladas de nubes negras que manchaban el cielo naranja del verano... y así, luego de todo ese merecido hueveo, volví a clase. Entre con cuidadito para no interrumpir, me senté y vi que mi profesor era ahora una mujer con falda de florecitas, que la chibola que estaba sentada a mi lado era un calvito de lentes, que en la pizarra había un párrafo en el idioma anglosajón que no podía descifrar, y lo peor: que todos me miraban con curiosidad y burla... había regresado al aula equivocada, con una sonrisa cuadrada, trate de disculparme y explicarlo torpemente en inglés, ¿pero quién con Básico I puede hacerlo? sólo me quedó retirarme entre las risitas de los presentes.

2
Las noches más bonitas de verano, son las de luna llena, eso lo sabe todo el mundo. El cielo despejado te permite iniciar el clásico juego de contar estrellas descubriendo infinitamente una tras otra, el satélite femenino nos hipnotiza con un brillo que no hiere nuestra mirada y, los edificios, jardines y aceras se tiñen de un singular color acero que contrasta con el ámbar de los postes. Bajo ese escenario nocturno salí a buscar algo de comer, mientras caminaba sin apuro disfrutando secretamente de esta fugaz mística, observé conmovida cómo un pequeño caracol, yendo de un jardín a otro, cruzaba la vereda con la lentitud característica de su especie. Me detuve pensado que la aparición de este pequeño amigo era lo que le faltaba a este escenario hasta el momento inmóvil. Así que, en un acto de singular respeto, bordeé al diminuto transeúnte y continué mi rumbo. Como siempre, por la gran demanda tuve que esperar largo rato para poder disfrutar de los anticuchos de la clásica “tía choncholí” (aquella que hay en cada barrio que se jacte de ser criollo y que curiosamente también cuenta cierto número de vecinos intoxicados). Feliz de haber llenado mi estómago, retorné a casa esta vez andando a paso “Gallo Claudio”. Pero la alegría no me duró mucho cuando sentí bajo mis pies el crujir de algo parecido a un huevo (yo diría de tamaño codorniz). Mi frustración fue profunda –hasta hoy que escribo estas líneas-, cuando con tristeza descubrí que había acabado con la vida de mi efímero amigo, el caracol. El muy imbécil no había podido terminar de cruzar la vereda a tiempo antes de volverse a encontrar con mis zapatillas.

3
Tenemos que hablar, ¿acaso no es la peor frase que puede salir de los labios de tu enamorado? Sobre todo si tomas en cuenta que el fulano ya no te llama tan seguido, que te mira aburrido, que se “olvidó” del último cumplemés, y que parece haber dejado de lado tu condición real de princesa que él mismo te otorgó cariñosamente.
Hummm… ok, ¿me buscas después de clases?, simulando estar tranquila, ya pues te veo a las siete entonces, ok, chau, chau.
Más señales: me saluda con besito en la mejilla, da la vuelta sin esperarme, camina con las manos en los bolsillos (para evitar que andemos de manitas). Yo lo sigo como yendo al matadero, pero en un acto cariñoso, acelero el paso, lo tomo del brazo y levanto la mirada como el gatito de Shrek… no dice nada. Trato de acariciarle el cabello, pero él permanece inmóvil y hace un gesto como si un mosquito lo hubiera fastidiado. Sin nada más que hacer me siento en la banca que él parece haber elegido al estacionarse junto a ella.
No sé si te has dado cuenta que lo nuestro ya no es lo mismo… y de pronto comprendo, ¡¡vi la luz!! ¡¡por fin entiendo!!! que el que inventó aquella famosa metáfora de “romper el corazón” no pudo describir mejor ni de la manera más perfecta y dolorosa lo que estoy sintiendo en mi pecho. No, Mar, no llores, es lo mejor ¿sabes?... ¿llorando yo? Y me doy cuenta que efectivamente tengo minúsculas cosquillas en mi barbilla por las gotas que caen de mi cara a mis manos. Me abraza y siento un suspiro sobre mi frente, yo apenas me empino y le doy un beso urgente que para mi gran felicidad es correspondido. Mi enamorado se despidió enternecido y mientras yo lo veía hacerse diminuto en la vereda, pienso en el gran alivio que se siente el poder tomar el impulso para llegar al lugar seguro luego de haber colgado eternos minutos, cuando ya se han desatado todos los dedos. Pero eso ya pasó y después de haber estado tan cerca de perderlo, empiezo a hacer mil planes para ambos. Con los años que me quedan, los voy a dedicar a ti, hacerte tan feliz que te enamores más de mí, cantaba yo al unísono de Gloria Stefan. Los días pasaron, todos iguales, sin la presencia de mi novio, hoy no me ha llamado... Hoy tampoco. No me responde el celular. Ni los mails. ¡Alo! ¿Qué pasó? ¿Por qué no me has respondido? Mar, pero hemos terminado... dejémonos de ver un tiempo.

En conclusión
No había Friends, ni felinos en Animal Planet, ni una buena película en HBO, en consecuencia fui a dar con Discovery, había un gringo hablando sobre sus experiencias en su travesía por el espacio, interrumpen imágenes de los equipos, fotografías en sepia e interviene la voz de un locutor en inglés y luego de otro en español. Al final le preguntan a uno de los protagonistas del documental cómo fue su adaptación a la tierra, creí que había leído mal, ¿no habrán querido decir, su adaptación al espacio?, pero el gringo calvo responde que luego de haber estado meses sin gravedad y con disciplinadas rutinas, se siente en efecto de otro mundo… que se levanta de la cama y le pesa el cuerpo, que –como si estuviera aún en la nave- camina sujetándose de las paredes cual niño que aprende a caminar, que a veces se le ocurre dar un pequeño salto creyendo que así va a volar hacia el otro extremo de la habitación, y por último que cuando termina de beber, ha soltado su copa en el aire un par de veces creyendo que va a flotar… ante eso, expresa el calvo con pinta de bonachón, sólo me queda decirle a la gente es que yo fui astronauta, algunos ya lo saben, otro no me creen, y suelta una breve risa.

Yo Marilia, lo confieso: nunca fui astronauta, sin embargo creo que he estado en la luna.

Sucedió que no me fijé en el número de aula para saber a cual entraba, que no se me ocurrió ayudar al señor caracol a cruzar rápido la vereda y salvarlo del peligro, que ese beso no era de reconciliación sino de despedida... tal vez por eso, respondo para confusión de quienes se sorprenden de mis anecdóticas experiencias… “es que yo fui astronauta”.

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