Estoy tratando de averiguar por qué cuando mis esporádicos tripulantes hacen click en "Seguir leyendo", el bendito vínculo no funciona, incluso a mí me pasa. Se suele arreglar cuando le dan actualizar a la página pero a veces el problema persiste. Sí todavía tienes curiosidad de leer la pachotadas que escribo también puedes darle click al título de la entrada para leerla completa.
Y como suelen decir: "Estamos trabajando para servirlo mejor. Muchas gracias por su comprensión".

Marilia Navegando

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lunes, 14 de abril de 2008

Astronauteando 1

Ayer estuve apuradísima, haciendo unas compras en el Wong de Plaza San Miguel. Ayer domingo. El mejor día para hacer un par de adquisiciones rápidas en un supermercado colmado de tías con carritos repletos de comida enlatada, niños que te atropellan llorando por un helado convirtiendo tu camino un concurso de obstáculos, viejitos que no deciden qué desodorante llevar deteniéndose en medio del pasadizo y tipos que a última hora se les ocurre pagar con tarjeta de crédito haciendo de tu turno, que era casualmente el siguiente, se vuelva una espera interminable.
LO PEOR: Como ya estaba frente a la cajera, había vuelto a poner en su lugar la "Vogue" con la que estaba ocultando mi bochorno y en la cual ni siquiera pude terminar de enterarme quienes fueron las mejores cincuenta mujeres vestidas de la historia, fundamental información...

Sumergida en este laberinto que irónicamente era amenizado por una suave música de saxofones (no tengo idea quién será el encargado de poner las pistas en Wong). Fui en busca de un buen Pisco y unos chocolates para Jôao. Como buena peruana, siempre regalo este trago a los amigos extranjeros que tengo. Se hacía tarde. Permiso, señor, ¿Dónde es la sección de tragos?, estoy con la hora, ¿a la derecha, dice?, gracias, ya mamita vamos a encontrar a tu mamá, ¿es ella? bien, bien, ¿los dulces, donde están? Llevaré los de Ibérica, se hace más tarde, este pasadizo es un embotellamiento, perdón, aysh, permiso, disculpe no quise botar su cerrito de latas, permiso... y ¡listo! ¿Listo? Sonó como cuando mi madre abre la persiana de mi cuarto con furia, ¡algo se ha roto!, no, nada se rompió... fueron los broches de mi blusa que al engancharse con uno carritos la abrieron toda, he ahi yo, en medio del tumulto, con la blusa abierta, exponiendo mi sostén de elefantitos, cual si fuera una misteriosa vendedora de relojes.
El viejito dejó de buscar su desodorante, la chibolita me miro con extrañeza, el chico del almacén contuvo una sonrisa, el señor me miró con morbo y acomodó sus gafas. Me volví hacía otro lado para acabar con el espectáculo que había provocado esta "la blusa de porquería", como murmuré en ese momento. Pero ahí me esperaban toda la fila de cajas registradoras repletas de compradores que empezaron a aplaudir... "Feliz cumpleaños señora Jiménez..." dijeron en los altavoces. Por un momento no sabía si ovacionaban el onomástico de la dueña de la tarjeta Bonus o mi exhibición.
Uno, por uno, empecé a abrochar "la blusa de porquería", parecía la manualidad más lenta y complicada que había tenido que cumplir. No, Marilia, por favor... me dije, pero muy tarde, el rubor me había subido a la cabeza... Con el telón cerrado, mejor dicho mal cerrado porque puse el primer broche en el segundo y asi sucesivamente en toda la blusa, me dirigí a la cola. Algunos me observaban con curiosidad. No es por posería pero mientras espero mi turno, suelo revisar la "National Geographic", me quedo mirando las fotos tan increíbles que publican, son un placer para la vista. Sin embargo elegí la "Vogue", la más grande que podía cubrir mi rostro.
Tuve que esperar que la tarjeta de crédito de mi antecesor en la fila se registrara en la caja para luego pagar apurada: no, no he traido bonus, solo boleta, en soles, sí, sí deseo donar todo el vuelto a Cáritas, gracias! Debo añadir que la cajera no llego a hacerme ninguna de las preguntas.
Fuera del local, cruzando la pista, me reí de mi misma: "...lo que he tenido que pasar por tí, Joâocinho" y repetí en mi mente: "es que yo fui astronauta"...
Ah... y el sostén de elefantitos no lo elegí yo, me lo regaló una prima porque no le quedaba.

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